Prosa - Al otro lado del Espejo


I

Y dije: si fuera mujer sería una puta. Todos los placeres que podría otorgar estarían sujetos al movimiento de mi cuerpo insensible bajo el cobijo de un diferente hombre cada noche, ¡no! , más de un hombre por noche, más de un cuerpo solitario, ebrio e insensato.

¿Que mas podría yo esperar de un hombre? ¿Qué más podría yo esperar? Dímelo, maldito hombre que me habitas, que esperas del mundo sino putas, vaginas, tetas y demás. Me he cansado de esta visión tan común. Si, lo repito, si fuera mujer sería una puta. No amo el dinero pero puedo aprender a quererlo de igual manera que puedo querer a todos los hombres que lo poseen, puedo caminar con las piernas abiertas por todos los lugares, prestándome, siendo una asesina de la virginidad y promotora de la obscenidad.

Además, si tus manos han estado entre tus propias piernas, te prestaría las mías para que me urges, para que toques mi alma de mujer abandonada en las calles por mí misma. Mis necesidades no se pueden saciar, ¿sabes de qué me alimento? No, no me gusta saborear el pecado, mi alimento es el orgullo, no son lo suficientemente hombres como para obtener amor sin dinero, si, crees que él maneja el mundo. Compra un lujoso auto y márchate al infierno. Te estaría esperando. Esto si fuera mujer.

Si fuera mujer, sembraría en mi vientre la semilla de tu carne, saciaría con gusto tu apetito, te haría de comer siendo yo tu alimento, beberías mi sudor ajeno al morder mi piel, sería yo la noche por todos vista, cada estrella en mí sería un beso ya vendido.

Me alojaría en la oscuridad de las esquinas por tantos transitadas, una palabra que va, una proposición que llega, dos cuerpos que se van y uno solo que regresa. Una rutina que varía de cuerpos, de tamaños, de voces y sensaciones. Si fuera mujer y fuera una puta; no tendría temores, sería yo una mujer, una puta y un demonio; mi propio demonio. Saldría cada noche en el carro del desasosiego abrigando la ilusión de volver más tarde, después de inyectar de placer a mi posible asesino.

Soy un hombre y soy una puta, soy mujer y soy mi propio cliente; soy el despojo que usurpa mi propia cama, penetro alegremente mi llanto para esperanzarme en el abismo que a todos nos cobija; vivo de la ilusión de mi propia mirada sobre mis propios ojos, sobre mi ser propio e impropio.

Ah, ¿Por qué no puedo simplemente entregarme sin cobrar? ¿Por qué hay más confianza en un precio? También necesito amar, sentirme deseado; aunque sea un momento, aunque sea una simple alucinación que se presenta ante un espejo cada mañana, ahí, con un vestido largo, adornado con ojos que me miran, con dedos que me tocan y silencios que me confortan.

II

Tengo los ojos cansados de mirar siempre lo mismo, una habitación, un solo cuerpo, un mismo instante, un mismo rostro que se refleja en el espejo y que no para de reír; maldito, te burlas de mí, ¿no sabes que soy tú? Tu risa te burla, te estanca, te mata y a mi también.

Te marchas, regresas y nuevamente habitas un simple reflejo ausente; sabes que te espero con ansias y no vuelves, miro el reloj, cada vez el tiempo se traga un poco mas de mi angustia, me pregunto ¿Dónde estas? Miro el espejo y te veo, pero no eres tú, soy yo que te tengo atrapado en mis pupilas ardientes, cuan ultima visión antes de la muerte. Te grito, pero solo yo escucho la voz que se propaga entre el humo del cigarrillo consumido en el suelo. Me he parado a buscarte más de diez veces, bajo la cama, sobre mi cama, en el baño, en el closet, en el humo, en el silencio, en la oscuridad de la calle, en los pasos de los zapatos sin dueño ahora, en todas tus cosas que ahora son mías; en todos los recuerdos que me llegan y que prosiguen generándose solos, como si solo vivieras en mi cabeza, como si solo para mí vivieras en el recuerdo de un muerto que pronto llegará a consumir todo este momento que ahora me consume.

Sé que aun no has muerto, sé que estas vagando sobre las calles que reposan en mi mundo exterior, en todo lo que existe por fuera de mí. Pero aún así no dejo de extrañarte, fuiste mi mejor postor, me diste lo que nunca pedí, lo que nunca soñé en mis mil vidas y lo que nunca soñaré en ésta que me queda; pero en tu huida me ha quedado un verso marcado en los tímpanos, el cual suena y suena perforando mi razón en un déjà vu. Esta música me lleva en su viaje al pasado, los sonetos muertos que remueven mi cerebro, y aún así me pregunto por ti; llegarás cuando me encuentre dormido, gritaras a mi nombre y dormirás tranquilamente. Y después, levantaré mi cuerpo para buscarte y no estarás ahí, en tu cama, en tu rincón, con tus piernas encogidas. Y mientras tanto yo; ya no tendré cigarros sobre la mesa.

Luego caminaré por las esquinas impregnando mi llanto, simplemente mirando la lluvia retorcer el cielo, el infierno azul que nos espera, allá, lejos del presente en que nos encontramos separados por la piel quemada y fresca. Beberé tus aguas, mi sed, la tuya, la de todos los posibles ausentes en los lugares ausentes, en mi carne racionada.

Aún te espero, nunca llegaras a la hora exacta en que mi medio día se posa en mi anochecer, y veras mi amanecer ya envuelto en finos trajes, danzando solitariamente al compás de Beethoven, moviendo los huesos, los ojos, los cabellos, las pieles, las caricias, las intensiones, las palabras, los afectos, la vida; la vida que baila un sin fin de bullicios, la vida confundida entre el temor y la gloria, entre tu piel y la mía. En esta esquina ausente en la que me encuentro, antiguamente vivida.


III

- ¿Por qué me miras de esa manera? Sé lo que haces en esta esquina por tantos transitada, he sabido por obra propia que me esperas hace ya largo tiempo; no tienes que esconderte de nuestras intenciones humanas, no tienes que hablar ya que tus piernas lo hacen por ti.

- ¿De que otra manera miraría yo la sombra que yace oculta en mi piel?

- De la misma manera que me miras cuando me encuentro tras de ti mientras te contemplas en el espejo. No conozco yo otra razón para tus palabras hambrientas por mi piel.

-no acuses mis palabras de herejes, sabes quien sería yo y sabes quien soy. Tu presencia siempre me ha incomodado de manera extraña, cuándo me tocas, siento el mundo entrar en mi interior, cuando te escucho, el silencio cambia de color, se muda todo al inconsciente de mis palabras.

- ¿eso crees?

- Eso siento, eso siento; eso sientes tú también cuando me habitas. Sé que cuando me tocas palpita tu bruma, nada se dispersa en ninguna dirección, en ningún momento, en nada, nada.

- Deberías callar para siempre, tu lengua solo se mide con la mancha de tu sangre sobre mi piel; tus palabras no me absorben lo suficiente como para entenderte, ¿crees que verdaderamente siento algo?

- ¿tú? (risa) sientes el silencio explotar en tu cabeza, la sed eterna que suspira por un beso extraño y sin sentido; te esperanzas en sentir todos los sabores posibles que se te presentan en el camino, ¿acaso no has visto ya tu rostro tantas veces como para saberlo?

- sabes que no puedo hacerlo. Nunca me has permitido beber todas las lágrimas que has derramado en mi ausencia, ¿Cómo poder conocer mi rostro cuando tú sólo me permites tocarte en mi ausencia y luego de ello me extrañas? Cómo si nunca estuviera contigo.

- Sabes que siempre me abandonas, cuando intento tocarte te esfumas dejando simplemente los rasguños en la pared, si, escucho tus gritos en mi cabeza, tus gritos, tus latidos, tus temores, todas tus palabras perdidas que sólo en mí encuentran abrigo. Todo lo que produces, sabes que lo produces en mí y sólo en mí.

- Es hora de morir tal vez, no puedes cargar con tantos recuerdos grises que solo empañan este espejo en el cual nos encontramos, camina hasta aquella esquina y simplemente mírame desaparecer desde ahí; no mereces ni la piel que te cubre, simplemente eres un disfraz de puta con el antifaz del demonio.

-¿Y tú quien te crees? ¿Acaso aquel nazareno salvador?

- Deberías conocer tus palabras antes de herir lo venerable, no me castigues porque sabes que te duele. Sé que crees en mi tanto como yo creo en ti.

- Deberías saber que no creo en ti.

- Lo sé.

- ¿Entonces que esperas de mí? Solo puedo ofrecer lo que me has dado desde mi caída, solo puedo mirar lo que mis rodillas me muestran y lo único que puedo encontrar es tu rostro remojado en mi llanto, es tu palabra revuelta con la mía.

- Basta, Sólo basta. Estoy cansado de morir por tanto tiempo; sólo contémplame desde tu esquina transitada por tus tantos demonios.

- Sabes que siempre lo haré.

- La eternidad tan sólo es visible cuando el siempre que nos acompaña es dicho con el corazón, ¿Qué sabes tú del corazón? Solo te queda la indigencia en la que hiendes.

- Este corazón que cargo entre mis huesos no esta mas podrido que el que mueve tus propósitos, no es más que el reflejo oscuro de lo que amas.

- Ahora que hablas de amor, deberíamos hacerlo, si es que algo como eso se puede hacer de tal manera. Toma mis manos que te sostienen, cierra los ojos que me miran, ahora puedes sentir la vida.

- La vida, que palabra tan extraña.

IV

Recuerdo que me gustaba tomar café en la madrugada, levantarme cuando el sol estaba aun intentando vivir en lo más profundo que puede existir en mí. Sentía el ardor, el calor que consumía mis visiones, todo era una chispa moribunda que me ataba a las cenizas en las cuales mis dedos dibujaban mi propio rostro y éste me miraba como a través de un espejo gastado en el cual sólo se distinguen las siluetas sin borde, sin corazón.

Distingo mis cabellos porque me cubren los ojos, todo lo que miro los posee en cierto grado, en cierta semejanza a mi mismo y a todo lo demás que me envuelve en el melancólico suspiro que he profesado.

Bajo este recuerdo puedo pensar claramente en las posibilidades que me asisten, un cuchillo, yo; un sólo pasaje adornado por el filo sangriento de mi voluntad asesina, de mi enferma soledad que acompañas desde tu reflejo. Quisiera quitarte la luz que me otorgaste hace ya muchos soles, ese maquinal acto de vivirme como un muerto impasible de sí mismo.

Puedo advertirte que tengo hambre de ti, de tus huesos pálidos que suenan en el fondo carcomido de mis presentimientos, de tus largos dedos que sostienen mi cáncer visceral en mis labios que en tu presencia sangran, de tus luceros encendidos que oscurecen la bruma y la pintan de azur, de tus poros abiertos a todos los sentidos, de tu fe ciega que te hace tropezar firmemente contra mi pecado; tengo hambre del cristal lánguido en que te asomas, del susurro endeble que pronuncio, de todo cuanto olvidas para crearlo nuevamente; así, a tu manera tan sutil.

Creo que es el momento de alimentar mi propio cuerpo, ya he sido lo suficientemente complaciente con en huésped incierto que me perturba. Pronto, muy pronto podré reír nuevamente sin mirar al espejo.

V

Recuerdo tus palabras, - no somos una caja de sorpresas, no, somos la sorpresa misma. (Tres horas en silencio mirando el espejo)

Hoy me llevaré a la boca tu sabor amargo, habitaras en mí sin el disfraz de muralla o de un simple recuerdo; lentamente penetraras mi cuerpo, me harás sangrar la pasión de ramera que poseo, aquella que ha sostenido mis huesos cubiertos con esta manta porosa durante tantas lunas.

El dolor es tan sólo una oportunidad de sentirnos vivos, es solamente el bosquejo de nuestra humanidad, aquella condena que corre por nuestra sangre desde tiempos inmemorables, que gracias a dos almas como nosotros ha recorrido el tiempo para servirnos nuevamente, de esta manera tan real.

Nuestro augurio fue escrito con nuestra propia sangre sobre pieles ajenas, ha dicho nuestro profeta que tú eras mío y que yo te pertenecía, el viento trajo a mis oídos la palabra de dios y el se ha pronunciado:

VI

Ah, como mover lo que ya no poseo, mi voluntad ha devorado tu actuar, me has colmado con tu aliento sórdido y tu piel espesa. Nuestra voz se ha aplacado al borde de tu morada ahora rota, deshecha en mil pedazos por todas mis esquinas. La sangre me brota de todos los miembros y no se me es posible tragarla más, mi sed ha sido consumida por la sangre, por la tuya, por mía que son la misma.

La unión de todos los pecados en un mismo recinto ha conjugado el infinito en una misma visión, y es ahora cuando todo tiene un sentido, todo confluye en una ola segmentada de divinas palabras que suavizan la vida.

Este mundo oscuro me abre las puertas y cruzo al otro lado, donde tu compañía desvanece el miedo de mirar nuevamente al espejo.

Prosas: El Canto Estepario.



Amigos


Después, el tiempo se encargará de mostrarnos todas las cosas que simplemente quisimos olvidar, así, de una manera tan clara que nuevamente pasarán sin ser reconocidas por nuestros torpes bríos enardecidos hacia lo impensable. Te llamarán de cualquier manera, sólo para recordarte que aun les perteneces, que no ha sido posible librarte de todos los recuerdos que juntos han labrado en tantos lugares diferentes; renegarán tu comportamiento si no les pertenece, ya que sólo ellos quieren que seas lo que quieren de ti. Tu compañía sólo es válida cuando esta remojada en el alcohol, ya que tu dinero compra su ebriedad y al mismo tiempo lo que se conoce por felicidad. Es tan rebelde su emotividad hacia tus amores, es el egoísmo desnudo el que rige sus palabras, todos estarán en tu contra, y como el peor animal serás repugnado por no compartir el mismo infortunio con la que ellos ven el mundo.

Sabes que tus visiones son diferentes, que no eres igual al resto de cuerpos que se mueven a tus afueras, a ellos que vagan buscando lo que desconocen, a ellos que piensan en lo que serán sin ver lo que son, a ellos que sienten por experiencias de otros, a los cuales, otros marcaron igualmente su camino hacia el vacío que encaminado a sus mentes está predispuesto.

Piensa siempre en tiempo presente, viéndolo desde la posibilidad de la inexistencia de tu carne, desde las palabras dichas ahora por esa vana silueta que te acompaña y que tu quieres sostener siempre con tus brazos, centra tu universo en un sólo lugar, ya que cuando te expandes demasiado sólo podrás abarcar las simples huellas de un navío en un mar infinito.

¿Has de vivir por tu nombre en palabras de bocas ajenas o por todo lo que tu sentimiento representa? El reconocimiento sólo nos hace ser extraños a nosotros mismos, olvídate de todo, menos de aquellos para quienes en tu verdadera pequeñez seas tan sólo un mortal adorable.


Asesino Interno

¿Sientes el viento mecer las hojas? Al parecer, no somos lo suficientemente astutos como para beber del rocío la clara lluvia que se posa en nuestros corazones. Nuestros demonios se alimentan de alpiste y picotean nuestros ojos ondulados. El químico en mi saliva se asemeja al cigarro nocturno que ilumina el laberinto de pieles ásperas en donde descanso, las pieles que vician mis sueños. Habito tu útero endeble, víctima del sinsabor que ostento en mis ojos ya en el pico del cuervo nutrido. El túnel que me arrebata tus venas sangra a borbotones, no puedo sentir tu corazón palpitar en mi cabeza, tus frágiles manos acariciando la piel que me abriga...


La oscuridad desvanece y no recuerdo tu nombre, mi memoria; ¿ha sido víctima de la palidez de la hoz? ¡Ah! ¡El paraíso! Muerte es muerte; me lo ha murmurado Dios tantas veces, él me ha asesinado.


Amén

Rezaban los santos mientras yo simplemente observaba mis zapatos caminar por sí mismos, vaya, decía; ¿por qué dios no me regala unos nuevos zapatos? ¿Por qué a los demás les regala tantas cosas y a mí no me regala unos zapatos?

Señor, dime cual es mi pecado, ¿Qué tanto te impide mi avaricia consolar tus propósitos? ¿Acaso no soy también tu hijo?

La humildad ha ya desgastado mis pies desnudos.

Amén; también puedo orar, remembrar el goce de tu silencio consumido en la cruz, no he matado, pero puedo hacerlo si eso es lo que quieres. No distingo color alguno en la mancha que cargo; pero puedo pintar mi piel al gusto de tus ojos.

Sabes que no puedo correr de mis temores, soy yo el que los disuelve ampliamente en todas las direcciones; si tus dedos no me bendicen, ay, no puedo vivir.

Mi nombre es Lázaro y he caminado entre los muertos, esta sábana blanca que me cubre es demasiado pesada como para mover la piedra que me impide llegar a tus brazos abiertos. Los pajarillos que surcan el cielo tocan tus mejillas y yo sólo soy el cuervo que se detiene hambriento ante tus ojos.

Tiéntame con tus caricias, mi desierto es demasiado áspero y solitario, necesito tu brazo extendido hacia mi piel, cólmame de riquezas, aunque solo quiero unos zapatos.

La ciénaga sobre la que vivo me empuña tan fuertemente que me impide convencerme de mis secretos, quiero el ayuno del mundo sobre mis manos, ser yo la ciénaga que empuña los caminos iluminados con el color de la perfección; señor, quiero ser yo tu único hijo muerto de frió y tu única estrella apagada entre tus manos, quiero recorrer el paraíso fugaz con mis zapatos nuevos.



Voces del magnetismo



Pasión perdida


Pálida paciencia perdida por partes,
por pensar,
por promover pensamientos.
Principios propuestos por pocos pacientes,
perdidos, poco para pocos.
Pobre paisaje
pero perfecta primavera.

Parar, pensarte…
¿Parar para pensarte?
¿Para perfeccionar palabras?
¿Para poseer paciencia?
Permuto pecados por placer.
¡Pobre payaso!
Por preocuparse perdió prudencia
perdió piezas para poder pensarte.
Patético personaje.
Pobre prostituta.



Concepción Física

Movimiento.
Una celeridad de sensaciones
que se definen más distantes al tiempo
que surgen ante el contacto.
Fuerza.
Cúmulo de estrellas que chocan
generando una explosión,
miasmas disueltos en la oquedad.

Aceleración.
Efluvio sanguíneo,
el barco tras la estrella inalcanzable,
un corazón en la mano que propicia el terremoto.
Masa.
Cuerpos tendidos sobre el cielo,
ruptura de la unidad y paso a la unidad,
incógnita en piel nocturna.
Finalidad.
Camino señalado por las sombras
de cuerpos a los cuales seguir
mientras me diluyo en tus lágrimas.




Destino

Demonios danzan,
diferentes destinos.
Dos demonios danzando dormidos,
despiertan durante décadas.
Después, durante días
demandan dolores.
Demencia dormida,
dominada, disfrazada.
Delicados dedos
danzan durante décadas.
Dios, donador divido de dolencias, dará.
Debemos dominarlo, Dirán.
Demasiados delincuentes,
deformes demonios
de diferentes danzas.

¡Dados de Dios!
Dados, dos dados
dan destino,
danzando, dispares.

Sudores...



Erecto


Sin mas alimento que un cuerpo,
el deseo lo acompaña por apetito,
esa lívida mirada evaporando las ropas
pasando impuros salivazos a través de la garganta.

Ese único pensamiento adornando el cerebro
como viajero perdido en la niebla,
las carnes que lo llaman, los silencios
lo excitan, pero sólo el demonio se alza.

Perforar, atravesar, clavar, mirar sin tocar,
ese líquido que lacera en el cielo provocando
la lluvia, esa lluvia que cae al desierto
y hace brotar la lujuria.

La torre esta erecta y ha penetrado
al cielo, un orgasmo que exhala
el vapor de los cuerpos tendidos
sobre las agujas del reloj.

Las prisas se han hecho prisioneras
de los labios que llevan el puñal
entre las piernas, las pesadillas de
ensueño, los encantos de la noche.

La figura escueta se ha forzado
como el murmullo en la sordera
y hacia el muro lanza besos y palabras
con el puñal en la mano en señal de amenaza.



A solas


Parada en el silencio,
recorriendo espacios
que humedecen las lenguas
en contacto intimo.

Las manos caen, se elevan,
se transportan a otras piernas,
un cuerpo de cuerpos
que no se limita,
una voz que no grita,
un dedo que no señala,
pero que en movimiento,
le hace saber que es ella
de quien se trata.

A solas,
al borde del fuego,
ardiendo en húmedas llamas,
lentamente cayendo,
el ombligo avisa que pasa,
un arete, una lengua,
sudor viscoso.

Ella ríe, a solas.

Toma agua sin tener sed,
rebosa la piel,
el líquido seminal es
un vacío total.

Cierra los ojos,
los senos avivan,
poros que explotan
sin chispa que detone.

A solas,
siente que viene,
unos minutos de silencio
y el calor decae en lluvia.

Ella ríe a solas.

La masturbación es un acto fallido.


Yo también he sido sexo


Yo también he sido sexo,
carne palpitante sin vibración propia.
He sido ondulación, senil,
manchado a veces con sangre ajena.

Presenciando orgasmos mecánicos
al son explosivo de los cuerpos,
el cerebro erecto engaña,
la gran verdad oculta entre las piernas.

El encanto de la fémina es su caminar sereno,
su sexo me pertenece, a sabiendas de mi ausencia;
me postro en su pecho, lamo sus ojos,
la camino lentamente, la desgarro sin afán.

Yo también he sido sexo,
huellas dormidas en alguna parte,
humedad que baja por el cuello,
labios mordidos, uñas locas que gritan
mi nombre sin saberlo.

Evocando los suspiros me precipito hacia algún abismo,
he sido victima de mi engaño,
de mi alteración efímera,
te tomo y te desecho, tan reutilizable,
absurdamente sensible y penetrable.

El encanto de las féminas esta en su caminar sereno,
esa incitación voluptuosa que me llama en su mirada.

He sido sexo en sus murallas, en sus cielos, en sus calurosos
lechos excito la violencia,
me degenero y me contengo, coqueteo,
gimo para no perder el encanto.

Al final de la noche en la cual he sido sexo,
me vengo,
me voy…

Señalamientos...


1

Las voces de la noche
son estrellas tendidas
en mareas de lenguas
dormidas sobre un beso.

Largo día de sueño…

Los pasos son caminos
al borde del cuerpo caído,
rincones de lluvias
calidas en los ojos.

Tanta sangre me hace
soñar y siento de nuevo
como mi camino se expande
hacia ti, sombras de dioses
muertos en tu ausencia.

Intentando despertar
al joven que me habita,
sin saber a donde ha ido
por tantos años.

Por tantos años
ha dormido sin soñar
con un camino,
gracias por soñar.

Cabeza de asfalto
y cuerpo de papel,
sin rostro,
sin sangre.

Perros de caza tras
la verdad de los hombres,
ladrar de piel
y llantos de miradas blancas.

Créeme, no se mentir,
en verdad, tan sólo soy un hombre,
que actúa y camina y se desespera
al sentir la lluvia mojar mis pies.

Mi mente es un desierto
que desgasta mis recuerdos
fundidos con el llanto.
He creado un sol
que sólo nosotros podemos sentir,
y la luna lo besa en la frente.

Los ríos yacen condenados
por pensar que la muerte era su amiga.

Caídos por vagar, caídos por pensar.

Mi cuerpo es un torrente
que se suprime delicadamente
como una noche silenciosa,
y he creado una luz
que me permite brillar
en la distancia de los días
en que me opaco.

Los ríos incurables
recorren los valles tortuosos
caídos por buscar, caídos por cantar.

Y los niños bailan
siguiendo tus pasos,
caídos por correr,
caídos por caer.

He olvidado tus agravios
ya que mi piedad es verdadera,
alguna noche tomaras mi sangre.

Me has llamado falso
sin conocer mis marcas
incorporadas en mentiras.

Una vez pensaste que yo
era un pálido hombre,
pero sin conocer que mi piel
era negra.

Un hombre no puede
soñar con la muerte,
todos los espejos
reflejan los años
que pasan sin pagar.

Pensaste que yo
era un viento taciturno,
mi piel es alcohol hirviendo
que el viento consume,
una vez pensaste que yo
era un camino equivocado,
pero erraste al compararme con Jesús.


2


El frío no congela la noche
sin perder su esencia,
oculto en las nubes
oscuras de la lluvia.

Sin cielo,
un sitio para soñar,
lejos de todos los
cielos se encuentra un dolor
comparado sólo con la lluvia
que nadie puede sentir.

Perros ladrando a los cometas,
volcanes helados y flores malsanas,
podemos tener la vida en la mano,
sin cielo para caer, al lado de caminos
no transitados.

Animales al acecho,
el hombre que corre
sin hogar en el bosque,
amarillos cielos
que cubren su rostro,
ya no se contempla el color
de su frente.

El dolor es un niño
que tiene miedo de perder
el cariño que le han prestado.
Una rosa de hielo,
una ofensa sin perdón.

El tiempo no se regala
en vitrinas, exhibido como
un obsequio.

Sin embargo,
te puedo regalar mi voluntad.

Siempre he querido caminar de tu mano,
pero olvidaste donde nací
y no has podido encontrarme.

Los días de lluvia me han tragado,
y he caído entre las rocas,
este azul no es agua,
es un regazo de mariposas
angustiadas.

Este día hace más frió que ayer,
pero no importa,
he perdonado la lluvia.

¿Te divierte cantar el coro
de los dementes que vuelan al arco iris?
Eras mi amigo, ahora no se tu nombre,
pero no importa, los nombres no dicen nada.

Las noches pasan cantando,
¿no importa que yo sea mudo?


3


He nacido de un útero
marchito, cada roce de la piel
es un insulto,
también respiraba acido,
y todos los días me sentía en una sepulcro sin flores.

Este agujero es un sollozo,
que día a día me recuerda
mi presencia,
sin saberme, me he convertido en un monstruo
que no sabe reconocer la verdad de la ilusión.

Un sueño
un temor del alma
un refugio
un día de calma.

He intentado volar,
pero los ángeles han fallecido.

Este augurio es una piedra vacía
que se alimenta de sol
y de nardos florecidos,
que recrean lenguas de cielos
y afectos de moscas en las bocas.

Bajo el suelo,
tengo miedo,
sin control
sin poder cantar
que he sido engendrado para morir.

Este regalo no es para mí,
cae polvo y he tragado
las noches sin dormir,
sin poder darme un abrazo a mi mismo.

Manos sin dedos
ojos blancos,
camino de luna
alrededor del sueño.

Vida prestada,
nunca la pedí,
camino de cielo.

He llorado todas
las faltas ajenas.


4


He consumido este suspiro eterno
sin conciliar el sueño,
soy un pilar encallado en las costas
donde nadie arriba.

He tendido mi mano
al olvido que nadie habita,
no puedo llorar
pero puedo reír.

Todas las palabras
son lobos hambrientos,
todas las manos
son libros sin leer.

He tenido suerte de vivir-me,
si mi nombre no dice nada,
es porque aun estoy vivo.

Música que viaja
sonido de la noche,
prisas en los pasos.

Soy una tormenta
que vuela…que vuela…


5


Y todos los misterios
son fugases
y todas las risas
son cantos
de niños que algunas vez
sintieron miedo de crecer,
de infantes temerosos
de perder.

Los ojos son burbujas
de jabón,
las casas esconden sueños
no realizados,
encantos de la niñez
que se van,
aspirados,
evaporados con el tiempo.


Y todas las cosas
que creímos hacer,
fueron hechas,
cortadas con hachas,
el filo del papel
que no escribe sobre pieles
ni en ojos cerrados.

Hemos crecido
y tan solo somos hombres
que no lograron reír,
no somos niños,
los bebes lloran,
no saben que serán hombres
malformados por sombras,
injustos acontecimientos.

Soy un niño,
un invierno
un sollozo
un soplo.


He crecido.


6

La conciencia se ha perdido
buscando la cordura,
un primer termino es el YO
que se expande.

Un fantasma se ha casado
con su miedo de asustar,
un fatigado esfuerzo
por cumplir un horario.

Los muertos rezan a los vivos
pero olvidamos que moriremos,
y tal vez,
también recemos.

Un secreto es una piedra
escondida en el fondo del mar,
que se oculta de los peces
que no quieren verla.

Mira,
somos peces
y nadamos en acuarios
frecuentados por murallas.

Luciérnagas de sal
saltando abismos
para brillar
en mares distintos.

Amarillo limón,
manos fuertes que se abren
y que gimen, gotas de lluvia
en los ojos que no lloran.

Estoy viejo.


7


¿Me conoces?
me llaman silencio.

Solía ser un joven alegre
pero el tiempo lo sabes,
camina por nosotros.