Poesía del Reflejo




Cuando el alma despierta


Cuando el alma despierta,
los ojos entre la boca descienden,
caen por la piel como un ramo de rítmicos
oleajes bajo algún lugar sediento.

Los parpados se abren en medio
del vientre, ombligo del mundo
que subyace en medio de la palabra
vista y objetos escuchados.

Cuando el alma despierta
los sueños se iluminan,
cirio que pende en los cabellos
atravesados por besos marítimos.

Los brazos se alzan sobre el rostro
y erigen versos al cielo, los dedos
caen a la tierra y los arboles florecen
sobre semillas de luz, de luz favorecida.

Cuando el alma despierta,
los colores toman forma,
respira con tu frente el aroma
del rojo que habita el tiempo.

El sonido se alimenta de silencios
alados, cúspides envueltas en vestidos
de piel, corazones que agrietan sus poros
y abren cerrojos de puertas abiertas.

Cuando el alma despierta
el mundo toma vida.

¿Puedes sentir cómo tu alma despierta?


**





Sonrisa


Azul, movimiento calculable
que salta sobre imágenes
parlantes, reflejo de brisas
nocturnas en olas tendidas.

Verde, incendio del cielo
que bajo sus vértebras contiene
la noche que se eriza en la mente
como un lobo solitario que ha caído presa.

Negro, ojos cerrados sobre la
noche, esferas apagadas en la tormenta,
infantes temerosos de risa bucólica
que se esconden en la montaña.

Rojo, realidad roída,
estática de la existencia
que reboza los cuerpos,
esquizofrenia del sonido.

Amarillo, corazón del cielo,
aposento tardío de las almas,
comunión de la noche que
soslaya el hálito del mar.

Violeta, pétalos de azúcar
en movimiento, eco acontecido
sin tiempo, sin calor compartido
sobre ámbar fresco que se arruga.

Blanco, diagramación de lo humano,
miradas sórdidas a objetos amables,
como el corazón que flota en vacío
con las venas en busca de proa.

Café, intensidad de los astros,
insomnio hipnótico que reposa
sobre cabellos lunares,
versos que atraviesan las manos.

¿De qué color podré pintar tu sonrisa?

Prosas: Fragmentos de locura






La Locura y el Loco


Esta oscuridad me permite ver lo que los ojos no pueden, cantemos al silencio, canta a mis huesos que todo lo que promulgan, la palabra del hombre siempre carga con lo frágil de su conciencia: sus pecados, sus errores, sus vidas tan falsas. Todos son engendros de mi piel, de cada uno de mis poros, de cada latido fugaz que mi corazón muestra a mis vértebras cubiertas con esta maldita camisa.

Cantemos al silencio, cantemos a la tierra, grita que yo no soy nadie, grítale a la tierra que no puede tragarme como lo ha hecho con los demás. Yo no soy la resignación de la humanidad que se lamenta, no soy la lagrima seca que derramo el cielo. Cantemos al cielo que escucha el silencio en los huracanes florecidos en el fondo de mis ojos hambrientos. Yo soy las paredes de mí alrededor y todo lo que se extiende sobre el tapiz de la vida.

Todos los secretos son mudos y se extienden por los poros hambrientos de sonidos extraños, hambrientos de miradas taciturnas, hambrientos de risa, de lluvia, pero ella, la tierra ha consumido todo lo que se ha dicho, ha consumido el rincón que bajo las nubes aflora, ha consumido el férvido aire que me abriga, ha consumido mi propia mirada, y ahora, mis ojos me aborrecen, siempre observan los que mi cerebro no comprende; esta tierra que sangra y dibuja tu ausencia corazón mío, sangre mía, piel mía, mi propia vida consumida bajo el tiempo de inmóviles pestañas, esta vida que se consume entre paredes de hospitales y verdes paisajes adornados con el color de la noche. Debemos cantar, cantar a la noche que deviene asesina entre mis brazos, noches de lunas y soles tristes, noches de lluvias amargas y nubes excitadas en mis cabellos, noches de sexo en solitario, noches vendidas al frió y a la oscuridad que canta y danza entre esta camisa que me aferra a la tranquilidad comprada.

Cantemos pues a la cruz vacía donde Dios se ha consumido, cerrojo de clavos y espinas que en todas las direcciones bulle, salta, corre, grita y explota como un infante caído en una extraña guerra.

Cantemos camino de luz en dirección del ocaso, cantemos mis semejantes nuestras miserables faltas a la tierra que nos consume, tan segmentados.

Ración nocturna para el loco de turno.




Regocijo

Me inclinaste claramente por el camino equivocado, ¿desconoces acaso el destino que me espera en sus manos? Sabes bien lo que me aguarda, sí que lo sabes, tú que todo lo sabes. Has hecho de mí un títere más de la función diurna que se presenta en tu teatro. No quiero actuar de esta manera, pero sabes que no lo quiero y aún así me haces tragar la saliva no generada.

Déjame caminar un poco más, no quiero ir de su mano, quiero caminar solo, darme un tiempo para pensar lo que ustedes ya pensaron por mí. Ya que soy dos almas, la que tú me diste, y la que tú le diste. Ángel y demonio, pensamiento piadoso y acto vengativo,
poseo la cordura y concibo la locura, amo tan firmemente como odio y muy en el fondo lo disfruto.

¿Por qué?

Estas marcas en mi piel no se deshacen con aceite hirviendo, son mis huesos, no, no, son ustedes. Blanco y negro, ¿Quién es la mancha y quién la culpa? Soy más negro que blanco, disfruto el silencio de mi voz aplacada por la sinceridad del amor. Hm

¿Verdaderamente tengo voz? siento que mis palabras provienen de otras tierras, de otros vientos deteriorados por las mentes extrañas de mi interioridad magnética. Necesito librarme de ustedes, pero eso ya lo saben, como no saberlo, todo lo saben, saben el entusiasmo del sí y la euforia del no. Y quisiera saber yo quien de ustedes mueve mis cuerdas vocales al cielo, allá donde se encuentra el secreto de la luna y del tenebroso
infierno morado.

Sutiles vorágines internos de la realidad, de la falsa verdad que ustedes me inventaron, no quiero adorar estatuas de carne, no quiero mentir, no deseo sentir la muerte con mi lengua porque me sabe amarga, tampoco quiero recibir su amor, aunque sus mentes que son la mía la soporten, mi carne es débil y mi corazón no es tan grande.

No me den sabiduría, no quiero poseer la carga de la esquizofrenia en dos pies, déjala en reposo para cuando mi cuerpo este en cenizas o para cuando necesite mentirme con la realidad de la bruma.
No me presten sus cantos, no me retornen al mundo; no me engañen con sus vidas falsas, con la mía tan falsa.

Ustedes, ¿quiénes son? ¿Jesús, Satán? ¿Madre, padre? ¿Vida, muerte?

No, no reconozco sus flacas carnes, mi regazo se ha perdido en el emblema que cargan los dementes entre sus ojos, no, ustedes no están en mi, sólo mi sangre está en mi y todo lo demás ya está muerto entre la frondosa ciudad de nubes ardientes y de crepúsculos pasajeros, déjenme en paz, si es que existe tal cosa, si es que existo yo.

Silencio.

Siento que alguien se acerca con pasos rápidos, es la locura, les dije que no la quería, no quiero conocer ese amor, rápido escóndanme en las sombras aullantes para espantar el deseo. En verdad no quiero nada. Sólo el silencio que desde mi interior me pide tranquilidad para poder pensar en los sueños de los perros callejeros, quiero compartir su necesitad por el desprecio, para sentirme un noble animal.

Ah, ya se ha ido, maldita locura, te alejaste como las ratas en el regocijo de la peste en pleno sacrilegio. Maldito es aquel profano que mancilla los nombres de los dioses, maldito yo, mil veces maldito, mi carne es sacrílega porque soy una criatura noble y no distingo otro paraíso, tan sólo el de la avaricia y la ebriedad.

Ah, ya se van, tan pronto, pensé que sería eterno el desplacer de su mala visita, es un honor volver al sueño, la hipnosis recreada de mi erótica libertad.

Saluden de mi parte al joven Romeo, cuéntenle que igual que él morí por amor, el amor propio de la inmadurez, todo un prospecto de la maniática juventud.

Y ustedes, oren por mí. Para que jamás me tope de nuevo en su camino, ahora denme mi lira y déjenme contemplar mis musas en la oquedad de mis sentidos, vuelvo a la reminiscencia de vidas pasadas, allá cuando fui un dios desposeído.


Libaciones amargas


Inconsciencia Elaborada

Las palabras están dormidas
sobre migas de pan que los
huérfanos han dejado al viento
para que un pobre hombre se alimente.

Al borde de la elocuencia estoy yo,
buscando ese silencio perdido
sobre anaqueles de antaño
que un día arrojé al fuego de la piel.

Sigo las migas, las palabras se hacen
brisa y la piel se comprime ferozmente
como un secreto quebrantado,
como una promesa que se olvida.

Al borde de la lengua estoy yo,
rasguñando las silabas que no acuden,
penetrando la tierra que se inclina al cielo
para tragarme y hacerme el amor.

Estoy yo, ahí, a la intemperie del fuego,
como un manto que se deja al sol
tanto tiempo que se adhiere al cielo,
se hace azul e ilumina con su piel
los pasos de la carne.

Estoy yo entre el laberinto de
puertas cerradas, como caballo
ciego al cual han abandonado a su
suerte, elocuencia perdida.

He nacido de las migas del pan de los huérfanos,
he sido nombrado por los ecos de la vida
con la avidez ajena que me grita, me grita tan fuerte…
…pero aun así no logra despertarme.


**

Iluminación


¿El sol ha iluminado lo suficiente?

Mis pasos han errado su camino
pero han encontrado un asiento,
descansar en tiempos difíciles
significa odiar al prójimo.

Me he fundido con mi asiento,
el silencio es el rey que me domina,
mi oscura patria…

Todos los rostros olvidados
permanecen a mis pies,
puedo sentirlo.

Mi perro se ha tragado los recuerdos,
uno a uno como migas de pan,
pero ellos se multiplican y grito ¡Jesús!

Si multiplicas en pan…
…trae más Vino.

El Fauno



Los pies desnudos rozan la tierra
que entre los dedos se encrespa,
el pelaje lo cubre del céfiro aliento
de la mañana fría en donde yace.

Torso y rostro en libertad, seducción
de los ojos que lo señalan,
los cuernos han desgarrado ya varios
coros mudos, ay, sus gestos lo dicen todo.

Dos armas lleva entre sus manos,
agudos filos de palo seco
con rastros de un verdor antiguo
que ha padecido el tiempo.

Ay, sus gestos lo dicen todo,
la sangre humedece la tierra
en que su cuerpo resiste,
el orgullo en su interior aún respira.

Huye Conmigo...





No tocaremos la tierra,
no miraremos el sol,
no haremos nada más que huir.

Sólo estamos aquí
de paso errante,
con la sombra del gran árbol
que se excita hasta aquí.

Huye conmigo…

Camina sobre la cruz
para mirar en su interior,
los Ángeles cantan en coro
y su eufonía es la vida.

Los valles decaen en gotas
de torbellinos candentes,
hacia el sol,
hacia la luna,
hacia el ardor…

Sol, sol, sol
luna, luna, luna.

Tenemos que huir

Hacia los planetas lejanos.

Huye conmigo…

No podemos acariciar la luna,
no podemos contener el llanto,
no viviremos en su interior.

La noche de los locos se acerca,
contágiate del amor, de la locura
en otras tierras, por la carretera
ambulante y pensativa.

Quémate, quémate
asfíxiate, asfíxiate.

Yo te salvare en nuestra huida
y te llenare de calma.

Por que el dios de la danza
puede hacerlo todo.







La Pregunta por la vida


Vislumbras la sangre al nacer, la esterilidad que reposa en la movilidad del mundo que se encuentra al otro lado de la retina, comienzas una vida que ya tiene el fin marcado en la mente de los otros, de las sombras que son testigos y el testimonio del reo encerrado en tu piel. Comienzas a experimentar el mundo, haces parte del bullicio inconsciente que deambula sobre las sórdidas aceras, de los burdeles llamados hogares, donde los pilares de las familias socavan el influjo del experimento de Dios.

Creces, te desarrollas en lo posible inducido por el delirio de carnes foráneas, carnes que viven en tu piel, que manejan tus huesos y que pronuncian sus palabras sobre el conmovedor movimiento de tus labios. Te generas voluntad impropia, repites lo que los adultos pronuncian, caminas ante sus brazos, buscas cobijo de la maldad que ellos producen, pero te escondes en sus mantos creadores. Desarrollas la infamia con tus manos, lentamente moldeas el camino que has de seguir, iluminado con el sinsabor del no ser en sí mismo; aun siendo un infante eres un rezagado, una maquina que consume amores falsos y caricias de la mujer que lentamente te olvida para caer finalmente en los brazos de la muerte.

Acudes al llamado incesante de tu esterilidad profana, el cual se devela en el tiempo que pierdes respirando los aromas tenues que desprenden los campos que flotan en las esquelas con las que vivimos, atado al mundo que te muestras. Eres la sombra de tu prójimo, eres la parte activa del molde de la imperfección que cargas y que se ve reflejado en las acciones que cometen tus actos, tus dedos poseen en las huellas los delitos de tu sangre, y con el tiempo se apropian de tu falsa identidad para mostrar al mundo el demonio que llevas dentro, pero que temeroso no se pronuncia ruidoso ante los demás monstruos que te señalan con sus ojos. Alcanzas aun vivo una mayor edad, disfrutas los placeres de la carne cuan si fuera ambrosia arrojada por Dionisio, y como perro hambriento te lanzas para saborear las mieles de la sangre, dejas actuar al animal que te habita, mientes, amas falsamente sin saber que es el amor, tocas cuerpos que inamovibles se separan de su realidad para entregarse al único licor que aplaca tu sed, es el sudor carnal tu alimento diario, aquel que obtienes con lagrimas y delirios de las personas que se entregan a tu misma labor. Eres parte dual del engaño que se realiza en el juego que diariamente se continúa, penetras zombis siendo tú un zombi, te alzas inmoral sobre la perversión que se vende en los viejos libros sagrados, haces parte de los sacrilegios que alimentan la venganza de un Dios, cualquiera de ellos. Te levantas con la cabeza erecta buscando sobrevenir sexualidad, queriendo existir en un cuerpo que no es el tuyo, con la sublime esperanza de ser un recuerdo de la noche, que se genera entre las piernas de otro ser.

Hasta que despiertas un día en un solitario pensamiento pesimista acerca de lo que has hecho, de cómo has llevado tu existencia desde la primera vez que vislumbras la sangre hasta el momento que estas acercándote mas al final de tu miseria vivida.

La piel comienza a cambiar, se arruga la fragilidad de los momentos que perviertes con las cosas que comprendes malvadas pero que no quieres cambiar, entras en la adultez, vives por un precio. Tu tiempo hace parte de un hombre que te paga por ser un autómata, un muñeco de baterías mensuales, que se gastan en una botella de prostitución.

Después de ello, te cansas, te casas, se produce la unión de dos muertes para engendrar una tercera o hasta una octava. Compartes tu miseria con la miseria. El tiempo se hace más corto, se confirma la palabra, escuchas a lo lejos un llanto amargo, que se propaga por tu cerebro hasta llenar tus tripas y el vomito sale reluciente a contemplar el mundo que te asiste, y cuando menos lo esperas estas en una cama, sin poder mover la voluntad que hace unos años destruía la pesadumbre que engendro la vida.

El recuerdo te posee, pero lentamente eres olvidado, la magnitud del tiempo que relucía y florecía en tus manos ahora te sofoca, es un sabor a sangre y a tierra entremezclado con la madera, eres consciente de que te acercas a tu última morada. Las dudas te consumen, eres la incertidumbre de la inconsciencia. Tus manos tiemblan junto con el mundo que se hunde en el pantano que desde un comienzo se ergio sobre las mentiras impropias que el ovulo fecundado han creado.

Poesía Visual




Fotografías por Jacobo Márchal

Más allá de la palabra que sale de los labios, más allá de una realidad que se oculta en las palabras, más allá de todo razonamiento humano, podemos encontrar la vida inmersa en una cantidad de objetos, tal vez rutilantes, tal vez opacos, tal vez inexistentes.

Un acercamiento a lo ajeno, a lo que no nos pertenece, más allá de toda intención de interpretar, balanceándose en el mero hecho de observar, no hay intención, ni salvación. Las dunas que se observan crean la apariencia y en esta se oculta lo bello, no sólo podemos hablar, movernos y observar, también podemos ser parte de lo creado.

Jacobo Márchal

Jacobo Márchal


Poemas

Acto Natural

El árbol ha crecido con los años,
esta piel se expande junto con el ramaje
acrecentando la sombra que cubre
el verdor de la muda pradera.

¿Qué podemos esperar?

El frió ha traído a cuestas un oyente,
extraña criatura que asciende
silenciosa hasta tocar la copa
más alta que en la ciudad yace.

¿Qué podemos hacer?

La noche se encuentra con la lluvia,
el vestigio de las miradas
se opaca en la niebla
que contiene el oscuro lamento del ojo.

¿Qué podemos observar?

La vida salta entre dos abismos,
uno es tormenta en llamas
que vierte su sonido en la sombra,
el otro es ave sin alas.

¿Cómo podemos vivir?

*

Oración

Las oraciones son sollozados
tembleques dirigidos al cielo,
involuntarias palabras
que escalas la cima más alta.

Entre todas las cosas,
la palabra empozada
en sutiles lágrimas se desliza,
incalculable sortera de liviana luz.

Mordaz, indolente aridez,
fragilidad de infantes,
oraciones vacías en capaz de azur,
alados versos trepan grisáceas nubes.

¿Dónde esta Dios?

El niño enloqueció antes del amanecer,
su madre, arpía serena bulle entre
abrigos de pieles frescas, lozanas amarguras
tendidas en el pecho, de corazón a corazón.

La oración esta a punto de terminar,
deja que te cuente una historia:

El mundo es una lágrima hambrienta,
cayendo, cayendo lentamente por un molino,
esta lágrima no contiene reflejo alguno
y en medio de la balanza, extiende sus brazos
y el infante absorto termina su oración.

Esta es la historia de un Dios,
su silencio se extingue, impregnando
su olor por caminos celestes e ignotos.

Todos los santos gritan Amén.


*

Océano Noctámbulo


Oscuro puente tendido en medio
del hombre y su abismo,
con caminos adictivos entre
la figura y su sombra.

Deambulo tu oscuridad,
me adhiero a tus aguas
que me mueven el brío,
estoy calcinado en tus costas,
en tu sal de soledad
y de inviernos amarillos.

Marítimo cielo en mis vértebras
que de mordaz sonrisa
te posas en mis sueños.

Camino de caminos
locura de locuras
objeto de objetos
sombra de luz
sueño de insomnio.

Noctámbulo despierto
en sueños sexuales,
húmedas pesadillas,
adicción, adicción
a la carne húmeda.

Sudor de poros despiertos
sudor de noches solitarias
sudor de vírgenes amputadas,
sudor de piernas cerradas
sudor de dios
sudor de prisión
sudor de pensamiento
sudor de intuición
sudor de deseo
sudor de abismo
sudor de rojos cabellos
sudor de labios, de pelaje
sudor de monstruo
sudor humano…

Secreción de pesadillas ardientes,
rojos lagos en tu vientre
bombean efluvios sonoros,
gemidos mudos que entre
el sonido del silencio desaparecen
y se crean nuevamente.

Océano dormido y despierto
he llegado a tus arenas sin movimiento,
no estoy en ningún lugar
y no puedo llegar a ningún lugar,
estoy anclado a las sombras de ninguna luz
en océanos ausentes.

Noctámbulo, noctámbulo
soy océano de aguas saldas
sudorosa marea de poros hambrientos.

Cuando el Alma Despierta


Jacobo Márchal es el nombre que Jhonattan Arango le ha otorgado al río que fluye incontenible en su interior y que al mismo tiempo lo salva y lo condena. Sin el vértigo creativo que lo posee y lo arrebata durante jornadas enteras de café y versos, donde es lo otro, el alma, lo que se manifiesta, poco tendría que hacer joven. Pero como a tantos otros la poesía le dio a probar la opción de expresarse casi sin medida, sin respiro, y ahora es un hombre nuevo que traduce en palabras y sonidos eso que somos y que, por un instante, nos produce la ilusión de la verdad o de la belleza.

Cuando el alma despierta no sólo es el primer libro de poemas de Jacobo Márchal, sino también la expresión de un poseso, la salvación de un muchacho melancólico.

Luis fernando Macías
Noviembre 2009