Las Otras



Para la que es demasiado mía.

¡No calles!
grita,
guarda ese último aliento
para cuando la piel detone.
Nos hemos vendido,
sin saberlo,
a nuestra condición.
Hemos caído ante la mirada extraña,
sin sabernos propios
nos hemos entregado,
nos hemos consumido.
Deja que mi mano te toque,
permite, que esta piel que me cubre
te cubra.
Me comparto, como un objeto
regalado a piel necesitada.
No hay ahora lugar en ti
que mis ojos no hayan palpado.
No hay sabor en ti ajeno a mi gusto,
a mi tacto.
Y si algún día,
quieres correr buscando otras pieles,
no calles,
grita, grítale también,
dile suavemente, al oído,
que yo también he sido sexo.
Para la que es demasiado pretenciosa.
¿Has visto, como después del sexo
aguardo en silencio?
Te pienso, después de haberte
caminado durante la prudencia del tiempo.
No me permito más que quererte
por instantes, por segmentos nocturnos.
No sabrás de quien te habita, más que un
nombre impropio, una simulación engendrada.
Aguardo en silencio a que no me nombres,
a que no me mires, a que no me quieras,
a que no me toques, a que no intentes
esparcirte en mí más allá de un instante.
Porque soy noche perdida,
de la cual sólo tienes el recuerdo
del mal sueño, de ese mal sueño
que a tu lado aguarda en silencio.
Sin embargo, no esperaré por siempre,
porque como pesadilla, cuando decaigas
nuevamente en mi lecho,
estaré allí, esperando en silencio,
pero esta vez,
para entrar de nuevo en tus carnes.
Para la que es demasiado sexo.
Cuando la consciencia se
emancipe de toda voluntad propia
podrás sentir el verdadero dolor.
Sosegar la sed interminable.
Cuando la piel del pensamiento
se sustrae del mundo,
cuando la vibración engendrada
por dos cuerpos se incorpora al espacio,
cuando la virtud de la carne
en celeridad despoja su ritmo,
cuando en mis murallas me entregues tu sexo
y en tus calurosos lechos se excite la violencia,
¡ah! He de beber en ti el néctar de tu vida.
Y como los animales se
entregan a la voracidad
del instinto, podremos también
nosotros entrar a los dominios del tiempo,
Del tiempo suspendido sobre sudores ajenos.